Revista médica de Chile versión impresa ISSN 0034-9887 Rev. méd. Chile vol.147 no.1 Santiago  2019 http://dx.doi.org/10.4067/S0034-9887201900010009

Felipe Cabello C.1 

1Department of Microbiology and Immunology. Estados Unidos de Norteamérica

 

ABSTRACTO

En este breve texto, el autor recuerda la pérdida de un querido gato. Los gatos son animales hermosos y compañeros maravillosos. Evolucionaron junto con los humanos en África, se expandieron con ellos por los cinco continentes y se convirtieron en objeto de numerosas actividades culturales, como el arte, la poesía y la religión. Abandonados y vagando libremente, los gatos regresan fácilmente a la naturaleza, con el riesgo de contraer numerosas infecciones zoonóticas. Sorprendentemente, la compañía felina se utiliza cada vez más para el tratamiento de enfermedades mentales y de otro tipo, como los trastornos cardiovasculares. La tenencia responsable y la buena atención veterinaria de estos maravillosos animales, bajo el paradigma de Una Sola Salud, son esenciales para su bienestar y el de los humanos. Son un precio ético y pequeño a pagar por las relaciones afectivas y gratificantes que los humanos tenemos con estos animales entrañables y evocadores.

Palabras clave:  Gatos; Enfermedades de los gatos; Medicina en las artes; Mascotas

Con mi experiencia en microbiología y en medicina, podría escribir en este breve ensayo para recordar a una gatita regalona en un contexto médico, acerca de las zoonosis bacterianas (alrededor de 17), virales (a lo menos 2), fúngicas (3-4) y parasitarias (5), que pueden ser trasmitidas de las mascotas felinas a los humanos14. Sin embargo, tal ejercicio académico fracasaría en representar el amplio cariño y magia que la gata regalona fue capaz de inspirar y también ignoraría que todas estas zoonosis son prevenibles empleando el productivo concepto ecológico de Una Salud5. El ejercicio también limitaría la descripción de las relaciones de los humanos con los felinos a solo un aspecto de ella, tal vez el menos importante para el objetivo de este ensayo. Desde su domesticación, en el Oriente Medio, miles de años atrás, los gatos además de ser animales domésticos de compañía, útiles en el combate contra los roedores y sus depredaciones, también han sido y son para los humanos animales simbólicos y de gran significado emocional68. Esto porque ellos siempre han sido sujetos de admiración por su original gracia y elegancia y, además, porque permanentemente han sido protagonistas de nuestra imaginación en la literatura, en la cinematografía, en el teatro, en la música e igualmente en las religiones y en las creencias populares de diversas sociedades68. La evolución y la domesticación de estos animales han estado íntimamente ligadas a la evolución biológica y cultural de los humanos y a su historia68. Por esto es, que en los últimos años, con las nuevas técnicas de filogenia y genómica arqueológica ha habido un renovado interés en develar estas interacciones recíprocas y en identificar orígenes geográficos y culturales comunes en el desierto africano y el Oriente Medio y su migración coetánea hacia el resto del mundo desde estos lugares6,7. Aparentemente, los ancestros de los gatos actuales son el resultado de la domesticación de la especie silvestre del desierto africano Felix silvestris lybica, que a través de los siglos se hibridizó genéticamente y en numerosas oportunidades, con otras especies de felinos silvestres del Viejo Continente68. La gatita, cuya memoria es el objeto de este ejercicio (Figura 1), entró a mi vida a través de la compasión por ella de mi esposa, quien la vio deambular alrededor de nuestra casa por varios años en compañía de otros felinos que vivían libres y salvajes en los jardines y arboledas de nuestro entorno.

Figura 1  Minicat (Princesa). 

Esta pequeña colonia de gatos (4-5), de la cual la gatita era un miembro más, estaba constituida por gatos probablemente abandonados por sus dueños y que sobrevivían todo el año a la intemperie. Incluyendo los duros y nevados inviernos neoyorkinos, en una mezcla de vida silvestre y parcial domesticidad y con una habilidad admirable para continuar relativamente imperturbable su riesgosa vida. Este grupo de gatos como otros, estaban protegidos por las leyes de respeto a los animales de Estados Unidos de Norteamérica y por el amparo provisto por los vecinos del lugar, que se preocupaban al igual que nosotros de su alimentación e incluso a veces de su cuidado veterinario comprendiendo esterilizaciones y vacunas; especialmente entre estas últimas la de la rabia, enfermedad que es endémica en los animales silvestres en Nueva York y con los cuales los felinos de vida libre se conectan epidemiológicamente. Estas actividades están consideradas dentro de programas muy populares en Estados Unidos de Norteamérica para proteger a estos animales abandonados, evitando de este modo su cruel eutanasia y la propagación de zoonosis, y que se conocen con el nombre de atrapar-esterilizar-vacunar y liberar9,10. Sin embargo, a menudo y especialmente en el invierno, algunos de los miembros de la colonia identificados por el color de su pelaje (Blanquito, Negra y Blanca, Naranja) desaparecían, probablemente víctima de las enfermedades propias de la estación o presa de otros predadores mayores como los coyotes, animales también protegidos legalmente que en su búsqueda de comida merodean por los alrededores de las viviendas humanas. Mi esposa, se percató después de algunos años que la gatita estaba envejeciendo, y se preocupó porque ella pudiera pasar otro invierno a la intemperie y para evitar aquello reclutó a voluntarios que trabajaban en la protección de animales para tratar de atraparla, llevarla al veterinario y explorar si se podía alcanzar con ella algún grado mayor de domesticación que pudiera facilitar su introducción a nuestro hogar y prolongar su vida. Después de varios intentos, este objetivo finalmente fue logrado, y el animalito fue llevado al veterinario quien cuidó de su dentadura, recortó su pelaje hirsuto y le administró sus vacunas, además, de hacerle ensayos de laboratorio para descartar la presencia del virus de la leucemia felina que es común en poblaciones de gatos silvestres en los Estados Unidos de Norteamérica.

Posteriormente, mi esposa le construyó una vivienda adecuada en el garaje de nuestra casa para facilitar su domesticación y el animalito comenzó a adaptarse pasando algunas horas del día en ella y saliendo a los alrededores del lugar, especialmente en la noche. Pasado algunos meses se convirtió en un habitante permanente del garaje, con cortas escapadas a las afueras y con una gran preocupación por su alimento y su bienestar, comenzando a dormir largas horas sin sobresaltos, despertándose solo para comer, como si estuviera recuperándose de su larga vida de aventuras en las afueras. Desgraciadamente no la pudimos introducir a la casa, ya que en esa época teníamos un gato muy regalón y territorial que llevaba 14 años viviendo con nosotros y que manifestaba una alta agresividad a cualquier invasor, felino o no felino, de su espacio vital. Pasaron cuatro años, y los dos gatos permanecieron separados, una en el garaje y el otro dentro de casa, hasta que el totalmente domesticado falleció a los 18 años de insuficiencia renal11. Sin embargo, a pesar de eso, la gatita prefirió seguir viviendo en sus acomodaciones del garaje explorando la casa solo en la obscuridad solitaria de la noche, viviendo casi cinco años más en esas condiciones de independencia e interactuando físicamente mayoritariamente con mi esposa y en los dos últimos años antes de su muerte, ocasionalmente conmigo.

Los estudios de paleontología filogenética de la evolución de los gatos han establecido que su domesticación fue más difícil que lo que pareciera imaginable ya que ellos revierten fácilmente a la vida silvestre después de esta domesticación68. Esto explica entonces las colonias de gatos que se tornan silvestres cuando son abandonados por sus amos y de la que fuera un miembro el sujeto de este ensayo6,7. Es justamente este ciclo entre la domesticidad y la vida silvestre lo que ha favorecido la infección de los gatos con el gran número de patógenos zoonóticos que pueden portar y los cuales adquieren generalmente a través de sus contactos con animales silvestres14. Sin embargo, no es menos cierto que la tenencia responsable y civilizada de estos animales y su cuidado diario, y por supuesto su atención veterinaria adecuada y periódica, pueden prevenir muchas de estas infecciones zoonóticas y su potencial contagio a los seres humanos de acuerdo al paradigma de Una Salud5. De tal modo que la prevención de las zoonosis trasmitidas por estos animales es una responsabilidad humana y también un deber ético para con estos inteligentes y gráciles seres sentientes que son capaces de aportar tantos contenidos emocionales positivos a nuestras vidas5. Enriqueciendo de esta manera nuestra salud afectiva de manera tangible, como sucediera con la inolvidable e inteligente gatita de este relato que respondiera al nombre de Minicat (Princess) (Figura 1). En otro artículo examiné el rol creciente que los gatos están teniendo en la medicina para mejorar el estado psicológico y físico de pacientes con enfermedades tan variadas como la depresión y las dolencias cardiovasculares e incluso para pronosticar el final de la vida, como sucediera con el gato Oscar discutido hace algunos años atrás en el New England Journal of Medicine1116. Es de esperar que estos positivos programas continúen en aumento, ya que, indudablemente, son beneficiosos para la salud humana y para la de estos animales, ya que permiten descubrir aspectos desconocidos de la biología y de la medicina en ambos grupos.

En el último tiempo, otro problema médico que se ha generado con los gatos y otros animales domésticos es la aparición en ellos de patógenos zoonóticos resistentes a los antimicrobianos, potencialmente trasmisibles a humanos, tales como Salmonella, Escherichia coli y Staphylococcus aureus, entre muchos17,18. Sin embargo, aquí nuevamente este inconveniente es un problema de la práctica de la medicina veterinaria y de la humana, que a menudo usan estas drogas maravillosas de manera ilimitada, sin tener en cuenta el problema de la resistencia que afecta negativamente tanto a la salud de los animales como a la de los humanos17,18. El animalito conmemorado en este texto fue para mí una gran compañía y una fuente de variadas satisfacciones emocionales; su presencia diaria a la ida y a la vuelta de mi trabajo y en la noche y durante los fines de semana, fuera y dentro de casa, estimulaba mi afectividad y mi imaginación de tal modo que su pasar ha dejado un vacío irreparable. Estas interacciones me imagino eran recíprocas ya que a medida que pasaba el tiempo la docilidad de la pequeña Minicat (Princess) aumentaba, como se desarrollaba también su necesidad y su facilidad para moverse entre humanos. Pero, sin embargo, a pesar de ser un personaje muy querido y regaloneado, nunca en los casi nueve años que vivió con nosotros fue un animal totalmente doméstico y tal vez este aspecto de su vida era parte de su encanto y de su misterio. Esto también demostraba a mi juicio, las interacciones entre los genes de sus antepasados silvestres nacidos en el desierto libio, en África, con el efecto limitado de nuestro ambiente doméstico, que tal vez debido a sus vivencias silvestres previas, fracasó en producir en ella una absoluta domesticación. Esta completa domesticación tal vez habría facilitado la prevención y el diagnóstico de su enfermedad final.

Sin lugar a dudas, que por todas las satisfacciones que estos compañeros nos producen, la tenencia responsable de ellos y sus cuidados veterinarios adecuados dentro del concepto ético y de salud pública de Una Salud5,19,20, son lo menos que debemos ofrecerle por la manera fiel y entrañable con que iluminan nuestras vidas y también para el beneficio que nuestras asociaciones con ellos proveen para nuestra salud y bienestar1117. Desearía terminar este breve ensayo con un fragmento del poema de Pablo Neruda “Oda al gato” que capta certera y líricamente carices singulares y seductores de estos queridos animalitos e ilustrándolo con dos pinturas (Figuras 2 y 3), de las muchas que hizo de gatos el gran pintor alemán prematuramente fallecido en la batalla de Verdún (1916), durante la Primera Guerra Mundial: Franz Marc, que al igual que Neruda captó con su visión y diestro pincel la gracia, la independencia, la elegancia y el misterio de estos animales20.

Figure 2 Gatos, Franz Marc (Colección privada). 

Figura 3 Gato, Franz Marc (Museo Sprengel, Hannover, Alemania). 

El hombre quiere ser pescado y pájaro,

la serpiente quisiera tener alas,

el perro es un león desorientado,

el ingeniero quiere ser poeta,

la mosca estudia para golondrina,

el poeta trata de imitar la mosca,

pero el gato

quiere ser sólo gato

y todo gato es gato

desde bigote a cola,

desde presentimiento a rata viva,

desde la noche hasta sus ojos de oro.

Agradecimientos:

Agradezco a mi esposa Lilo Aron, su preocupación perseverante por los animales y por la feliz introducción de Minicat (Princess) a mi vida. También agradezco a nuestros vecinos sus preocupaciones por la vida y el bienestar de numerosos gatos anónimos, fuentes de innumerables y gratificantes experiencias.

 

Referencias

 

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